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La valla de Melilla: cuando las personas valen menos que la bala que las mata

Las educadoras y los educadores sociales no podemos quedarnos impasibles ante lo ocurrido el pasado viernes en la valla de Melilla. Ese “asalto” que, según el presidente del gobierno español fue una circunstancia “bien resuelta”, es una prueba más de lo poco que valen las vidas de las personas migrantes, y, mucho menos, cuando su procedencia es el continente africano.

No podemos dejar de pensar en los “nadie” de Eduardo Galeano, cuando escuchamos estas atrocidades, ejemplo del racismo que nos rodea y que es consecuencia directa de las lamentables políticas migratorias de la Unión Europea y española.

 

Nuestra sociedad, en su contexto de privilegio, solo ve los palos que portan esas personas, los garfios, los cuchillos… y con esos ojos acostumbrados a ver la realidad distorsionada que nos ofrecen los medios de comunicación, traduce que las herramientas que les van a servir de ayuda para escalar la valla espinosa son armas peligrosas y mortíferas, sin tener ni un ápice de empatía, ni de compasión. No somos capaces de ponernos en los zapatos de ellos, esos jóvenes africanos dispuestos a perder la vida por la esperanza de encontrar unas condiciones vitales mejores… ¿qué dejan atrás como para que no les importe lo que les pueda pasar?.

Desde el Colegio Oficial de Educadoras y Educadores Sociales sentimos mucha indignación y rabia contenida, al ser espectadoras (una vez más) de la vulneración estrepitosa de los Derechos Humanos, sin que ningún representante del gobierno haya sido capaz de salir a la palestra para lamentar la muerte de estos 23 jóvenes, estos 23 “nadies” que valen menos que la bala que los mata.

 

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